experiencias maquinas recreativas

Las máquinas recreativas de Barcelona, mi pasatiempo

Cuando era un crío, recuerdo haber ido a algún bar de Barcelona con mis padres. Somos de un pueblo cercano, así que para mí era como ir a la gran ciudad. En el bar, mi padre solía darme un par de monedas para que probase suerte en las máquinas recreativas, y alguna vez cayeron premios que, por aquel entonces, para mí, eran más que suculentos.

Muchos años más tarde, después de tomar un cortado en una cafetería a las 7 de la mañana, decidí echar una moneda en una máquina recreativa. Fresa, fresa, fresa. ¡Premio! Era uno de los premios pequeños, pero todas las personas de la cafetería se giraron hacia mí y comenzaron a comentarlo. Algunas, se acercaron a felicitarme. Mi amiga con la que había ido a la cafetería me dijo: “¿Te acuerdas de más jóvenes, que alguna vez nos pasamos la tarde jugando a las máquinas recreativas de Barcelona?”.

Los juegos a los que jugaba con mi amiga en las máquinas eran muy distintos a este: juegos de preguntas y respuestas, matamarcianos, máquinas de baile, de pistolas… Incluso, estuvimos un tiempo retándonos constantemente a baloncesto. Algunas tardes, nos cayeron auténticas lluvias de puntos que pudimos canjear por peluches, coches de juguete o pequeñas linternas láser.

¡Qué bien lo pasábamos en las máquinas recreativas de Barcelona cuando éramos unos pipiolos!

Acordé con mi mujer ir a un salón de máquinas recreativas el siguiente fin de semana. Y la verdad es que fue muy divertido: volvimos al lugar que solía visitar en Barcelona y vimos a muchos chicos y chicas de la edad con la que siempre iba allí. Pero también vimos a personas de nuestra edad. Incluso, a hombres y mujeres vestidos con traje y corbata, disfrutando como unos enanos de las máquinas, pegando tiros a zombis virtuales, y otros, dándolo todo en la máquina de baile.

Pasamos una tarde muy divertida en las máquinas. La verdad es que fue casi terapéutico para olvidar el estrés del trabajo. Con los puntos conseguidos entre la máquina de baloncesto y la de preguntas y respuestas, me dio para canjearlos por un osito de peluche para nuestro hijo de 2 años.

Ahora que he vuelto a despertar mi pasión por estas máquinas, después del café, siempre echo un par de moneditas en la máquina que tienen, a ver si hay suerte y vuelven a coincidir las tres fresas. También voy algún día de fiesta o fin de semana con mi amiga, con mi mujer o con algunos compañeros del trabajo a pasar un rato divertido. La verdad es que las máquinas recreativas suponen un pasatiempo muy sano (¡especialmente, si subes a la de baile!) que te permite dedicarle el tiempo y el dinero que tú creas oportuno.

 

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